12 de abril de 2024
La mirada del espectador

La ministra, la escuela concertada y la libertad de educación

Carmen Coímbra. En los últimos días se ha armado una buena con la intervención de la ministra Isabel Celaá en el congreso de Escuelas Católicas porque dijo que “el derecho de los padres a escoger una enseñanza religiosa o a elegir centro educativo no son una emanación estricta de la libertad de enseñanza reconocida en el artículo 27 de la Constitución». 

Naturalmente, al Partido Popular y a Ciudadanos les han faltado tiempo para reunirse con los representantes de la escuela concertada y dejar claro que están con ellos. Los asistentes al mencionado congreso respondieron a las palabras de la ministra con un murmullo, dicen las crónicas.

La noticia merece varios comentarios. El primero es que cuando la escuela concertada dice defender la libertad de enseñanza en realidad está defendiendo -como patronal que es- los intereses de sus centros y no la libertad de educación de todos los ciudadanos. De ahí, por ejemplo, el nulo silencio de la patronal católica de escuelas frente a las ‘leyes LGTBI’ existentes en la gran mayoría de comunidades autónomas que obligan a introducir ideología de género en las escuelas. Leyes que han contado, por cierto, con el apoyo del PP y de Ciudadanos, y del PSOE y Podemos. Es lo mismo que sucedió hace más de una década con Educación para la Ciudadanía.

El segundo comentario es que la educación es una competencia transferida a las comunidades autónomas, muchas de ellas en manos del Partido Popular y de Ciudadanos. La ministra puede impulsar una reforma educativa si le viene en gana pero necesitaría mayoría absoluta y es imposible que la actual composición del parlamento español permita tramitar y mucho menos aprobar una ley orgánica que modifique la educación en nuestra querida patria.

Sin embargo, en mi opinión, el comentario más jugoso se deduce del artículo escrito por el redactor jefe de una revista de contenido religioso progresista llamada Vida Nueva, José Lorenzo. Éste desvela algo que muchos sospechábamos: la excelente relación entre el PSOE y los dirigentes de las escuelas católicas. He aquí la cita textual:

“La ministra Isabel Celaá intenta descifrar el verdadero significado del murmullo sordo que le estalló en la cara tras su metedura de pata con la escuela concertada. Y en su entorno se preguntan cómo ha podido pasar, cómo no cayó en la cuenta de que no era el momento ni el lugar, que la concertada no es ninguna bicha y que, ya con otros gobiernos, arrimó el hombro para suavizar el encontronazo entre Rouco y Zapatero”.

Y prosigue el jefe de redacción de la revista: 

La educación no está en la hoja de ruta, con más paradas en la eutanasia, la memoria histórica o el IBI. Pero lo cierto es que la portavoz de Sánchez, antes incluso de que se forme Gobierno, entregó en bandeja una valiosa arma arrojadiza al PP (y a Vox) con la que hacer oposición y aglutinar al catolicismo más rancio”.

Así que ya lo saben. Por si les queda alguna duda. La excelente relación entre la patronal de la escuela católica y el PSOE viene de antaño, bien se ocupó de ello Alfredo Pérez Rubalcaba, ex alumno del colegio del Pilar, haciendo tragar a los religiosos de la enseñanza ruedas de molino tan incompatibles con la doctrina católica como Educación para la Ciudadanía.

Sin embargo, el Gobierno de Sánchez ha querido -de momento no lo ha logrado- dar otra vuelta de tuerca a los colegios concertados. Y a éstos no se les ocurre otra cosa que invitar a la ministra de Educación a su congreso y no son capaces de levantarse de sus cómodos asientos cuando la señora Celaá les da un zasca en toda la boca. Ese es el problema: algunos se sienten traicionados por una persona que consideraban próxima… y les salió rana.  

Queríais paz sin honra, y ahora no tenéis ni paz, ni honra, que decía Winston Churchill.

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