27 de julio de 2026
La mirada del espectador

Esto no es cosa de curas

(Carmen Coimbra) Este mes de enero recién estrenado nos ha sorprendido con tres noticias que, sospechosamente, se han difundido en la misma semana. Son las siguientes:

  • El alcalde socialista de Torrecaballeros (Segovia), Rubén García de Andrés, ha denunciado que el párroco de la localidad le ha negado la comunión “por su condición de homosexual y por vivir en pareja”. El Partido Socialista de Segovia ha emitido un comunicado en el que exige que el nuevo obispo de la diócesis “ponga fin a la discriminación por orientación sexual en la Iglesia”. Mientras tanto, la ministra de Igualdad ha asegurado que «negar la comunión a una persona por su condición homosexual es clara y abiertamente inconstitucional».
  • El ministerio de Igualdad, atendiendo a la denuncia de la asociación ‘No es terapia’ ha decidido investigar a siete diócesis españolas (Madrid, Barcelona, Valencia, Getafe, Alcalá, Málaga y Sigüenza-Guadalajara) que, supuestamente, estarían impartiendo cursos y talleres de conversión sexual para personas LGTBI+.
  • Y este mismo domingo 19 de enero, el Telediario de Fin de Semana de TVE ha puesto el foco en la diócesis de Cuenca porque allí una asociación denominada Courage International va a impartir charlas a los párrocos para el acompañamiento pastoral a las personas con atracción hacia otras del mismo sexo.

“Estos son problemas de los curas”, podría decir alguien. Pues miren por donde, este no es un problema ni de católicos, ni de curas ni de homosexuales. Es un asunto de libertad.

Veamos por qué:

  • La Iglesia establece determinados requisitos para que los fieles católicos comulguen. Forma parte de su doctrina como institución. Y tiene todo el derecho y la libertad de aplicarla. 
  • La Iglesia es libre de ofrecer atención pastoral y acompañamiento a personas en diversas circunstancias. También a las que sienten atracción hacia otras de su mismo sexo. Lo puede hacer mediante conferencias, cursos, reuniones… 
  • Y hay hombres y mujeres que libremente acuden a una parroquia o a un obispado para hablar de sus circunstancias o solicitar algún criterio. 

No caigan en la trampa. Si aceptamos que el Gobierno, los partidos o sus medios subvencionados (entre ellos todas las televisiones y los periódicos impresos) son quiénes deciden quién comulga y quién no, qué pueden y no pueden decir los curas y si un individuo con tendencias homosexuales puede o no acudir a la Iglesia a pedir consejo, estamos poniendo en juego nuestra libertad.

El problema, por tanto, lo tenemos nosotros. Políticos, medios y empresas nos están dictando cómo debemos vivir, qué debemos pensar y de qué está permitido hablar.  Y, esto es lo grave, la mayor parte de la sociedad lo asume sin percibir la gravedad del asunto. 

La famosa cultura woke de la que forman parte el feminismo de última generación, la ideología de género, el globalismo y el ecologismo lleva años persiguiendo y cancelando, es decir anulando, a los que disienten de su pensamiento en cualquier ámbito e institución.

Lo que hemos visto en la última semana en España es parte de una hoja de ruta para minar la reputación de la Iglesia católica. Es, por supuesto, un ataque a la libertad religiosa. Pero sobre todo, no lo olviden, es un aviso para que absolutamente nadie se salga del guión que ellos han escrito, 

Recuerden: esto no es cosa de curas. Es nuestra libertad.

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