23 de abril de 2024
La mirada del espectador

Cuatro retos de Vox que no dependen de Macarena Olona

Carmen Coimbra. Para millones de españoles, Vox ha representado una esperanza frente al tibio y poco fiable Partido Popular de Mariano Rajoy.

Esa ilusión explica los éxitos electorales en 2018 y 2109 (primero en Andalucía, luego en el conjunto de España, recientemente en Castilla y León) de la formación que preside Santiago Abascal.

Hay que recordar que gracias a Vox actuó la Justicia en Cataluña frente a Puigdemont y sus cómplices.

No olvidemos que Vox llevó los estados de alarma decretados por el Gobierno de Sánchez durante la pandemia al Tribunal Constitucional. Y los magistrados dictaminaron que eran institucionales.

Por otra parte, Vox plantó cara a la eutanasia y a la reforma del Código Penal contra los provida que ayudan a las mujeres a las puertas de los abortorios. En el Congreso de los Diputados y también en el Tribunal Constitucional.

Y Vox-por primera vez- forma parte de un gobierno regional, Castilla y León, con una vicepresidencia y tres consejerías.

A la izquierda y sobre todo al PP la aparición y crecimiento de Vox les hizo entrar en pánico. 

Dos hitos incrementaron el miedo a la formación política de Abascal: el desembarco, con doce escaños, en el Parlamento de Andalucía y la entrada en el gobierno castellanoleonés.

Ahora la última moda es anticipar el fin de Vox. 

Especialmente desde los últimos días de julio. No hay entrevista a Santiago Abascal o pregunta a un líder de Vox, ya sea nacional, regional o local que no saque a relucir el nombre de Macarena Olona.

El reto de Vox es superar cuanto antes lo sucedido tras las elecciones andaluzas y dar los pasos adecuados.

No sólo para obtener unos buenos resultados en las elecciones municipales y autonómicas. 

Sobre todo, para recuperar la confianza de los ciudadanos que se ilusionaron con Vox y que, según las encuestas, podrían quedarse en casa o votar con la nariz tapada al Partido Popular.

Y, por encima de todo, para aclarar si Vox podría ser o no una alternativa de gobierno a medio o largo plazo. 

Así que a Vox se le presentan cuatro retos en los próximos meses:

1. Hacer oposición real a la izquierda y al PP en el Congreso de los Diputados, en los parlamentos autonómicos y en los ayuntamientos. Si esa batalla no se libra, existe un riesgo real de que el voto se los lleven los de Feijóo. (Más vale lo malo conocido…).

2. Concretar en políticas y medidas reales, bien pensadas y mejor comunicadas, los temas por los que muchos les votaron: la unidad de España contra el separatismo, el combate a la ideología de género, la defensa del derecho a la vida, la justicia con las víctimas del terrorismo,…

3. Superar personalismos, divisiones y tentaciones de figurar que lastran el partido, provocan una gran frustración en el votante y, a la larga, acaban con el proyecto.

4. Implicar e ilusionar a sus bases. No sólo en Vistalegre ni en la plaza de Colón. Sobre todo, en los municipios grandes y pequeños y en las comunidades autónomas. Porque es allí donde se la juegan en los próximos meses.

La inminente cita de Vox es con las urnas. Conviene que sean puntuales y vayan bien preparados.

Pero la responsabilidad de Vox es con la historia.

Es la primera vez, en la reciente historia de España, que un partido que se sale de la senda “políticamente correcta” marcada por la izquierda podría llegar a gobernar. Sólo o en compañía de otros.

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