22 de abril de 2024
La mirada del espectador

Los nuevos amos de la libertad de expresión

Javier de Carlos. Jaime Peñafiel, el conocido periodista de la llamada prensa rosa, acaba de ensalzar en El Mundo a Mark Zuckerberg, fundador y consejero delegado de Facebook. ¿Motivo? “Por su valiente y coherente decisión de bloquear las cuentas del todavía presidente Donald Trump, en esta red y en Instagram”.

En el contexto actual de la comunicación, que el CEO (director ejecutivo) de una gran multinacional tecnológica como Facebook se erija en juez unilateral de los límites de la libertad de expresión -nada menos que del presidente de los Estados Unidos- es un asunto de la mayor gravedad. Al margen de la opinión que el Sr. Trump pueda merecernos y, por supuesto, de lo condenable que, bajo cualquier punto de vista, es el asalto al Capitolio. La decisión de Zuckerberg y de los colegas que le han secundado, implica -se quiera ver o no- un cambio radical en la concepción de un derecho fundamental, en el respeto de la voluntad popular y en la vigencia del estado de derecho.

Peñafiel no es sospechoso de izquierdismo ni es ningún activista del globalismo. Pertenece, además, a un gremio -el de los periodistas- especialmente celoso en la defensa de la libertad de expresión, por razones evidentes. Su alegría por la censura ejercida por Facebook muestra hasta que punto el proceso de “reseteo de las mentalidades”, actualmente en curso, avanza desde la general complacencia, como profetizó Aldous Huxley en Un Mundo Feliz (1932):

“Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre».

Y, ante eso, no podemos callar por más tiempo.

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