23 de abril de 2024
La mirada del espectador

Y después de Rajoy ¿quién?

Ricardo Muyo. Hacer cábalas sobre quién será el sucesor se ha demostrado un ejercicio de fantasía solo animado por el afán de divertirse. Hace poco más de un mes, entre los aspirantes tendríamos que haber contado con Cristina Cifuentes, hoy un cadáver político que busca retiro en la Universidad, donde ganó su puesto de funcionaria de forma curiosa. Créanme si les digo que, vistos los antecedentes políticos de Cifuentes, no me produce ninguna lástima.

En momentos como el actual, cuando está en juego una moción de censura, la pregunta sobre el futuro del PP después de Rajoy resurge, por más que nadie ya se atreva a responder. La tendencia de los líderes de los partidos es en primer lugar la de enrocarse: después de Rajoy, Rajoy. Solo una debacle electoral hará tambalearse al actual presidente del Partido Popular, pero el marrón de la remontada que le pasará a su sucesor “no es cosa menor”. Atrás quedaron los tiempos en los que volver a La Moncloa era solo cuestión de pasar una o dos legislaturas en el infierno de la oposición.

Cuando no quede más remedio, Mariano Rajoy buscará un miniyo al que pueda dominar en la distancia. La estrategia acaba por fracasar, dado que quien sostiene sobre su cabeza los laureles del triunfo suele olvidar a su mentor y ni siquiera recuerda que es mortal. Es el caso del propio Rajoy, nombrado por Aznar tras el acierto de limitar su mandato a dos legislaturas, pero tras el desacierto de intentar calmar su mono de poder colocando a un supuesto hombre de paja.

A los sucesores hay que elegirlos con tiempo y mediante un sistema que les legitime ante la sociedad y, cosa harto difícil, ante el partido. Lo contrario suele derivar en una batalla interna a zancadillazos y en el desconocimiento y la desconfianza de los votantes. El principal perjudicado, el propio partido.

Aun así, tras la caída de Cifuentes, las listas de los nombres más sonados coinciden en incluir a Alberto Núñez Feijóo, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría. El orden puede variar, como en el caso de la lista de El País, que coloca en primer lugar a Cospedal para ver si acaba de quemarla y disimula a su favorito, Feijóo, en un humilde tercer puesto. El diario madrileño incluye además a Ana Pastor, de quien ya señala su perfil gris y bajo. Por el contrario, El País no cuenta con Pablo Casado, que de momento calienta banquillo como aspirante a protagonizar unas elecciones.

Lamentablemente, como ya hemos mencionado, Rajoy solo piensa en resistir y en aferrarse al sillón. Ningún expresidente del Gobierno acaba en el olvido absoluto, ni siquiera Zapatero, y a (casi) todos se les acaba reconociendo con el paso del tiempo la parte buena de su Gobierno. Sin embargo, la erótica del poder, que la mayoría de mortales desconocemos, atrapa a sus víctimas haciendo que se crean imprescindibles y anulando la capacidad de sacrificio y generosidad que requiere la vida política.

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