23 de abril de 2024
La mirada del espectador

Tras el pacto, la reforma constitucional a escena

Javier de Carlos. La complejidad y gravedad de los hechos que se han sucedido en las últimas semanas en relación a Cataluña, no pueden eclipsar la trascendencia del pacto para la reforma constitucional al que han llegado PP y PSOE, según desveló Pedro Sánchez el 11 de octubre. Iceta se apresuró a calificarlo en un tweet de “acuerdo histórico”. “Se abre –escribió- la vía de la reforma constitucional. Con la ley para cambiar la ley”.

El contexto en el que el pacto se ha producido lo envenena de raíz: nace como una pretendida salida al empeño, por ahora inconstitucional, de los separatistas catalanes. Se trataría de cambiar la ley de leyes para que la autodeterminación tenga acomodo legal en el contexto de un “estado plurinacional”, como el líder del PSOE viene proponiendo.

¿Y cuál sería la propuesta del PP? Nada sabemos, pero me temo que a estas alturas ha renunciado a sostener una idea propia de España que sirva de recambio al “patriotismo constitucional” o a la “marca España”, ya gastados. Lo que ahora preocupa a Rajoy y su entorno es que todo se haga dentro de la legalidad y democráticamente, sin importar mucho el qué. Una pobre forma de empezar las negociaciones en un asunto en el que nos jugamos nuestra supervivencia como milenaria comunidad nacional y para el que, según acaba de publicar La Vanguardia, en septiembre pasado más de un 29% de los españoles –casi un tercio del electorado y 4,4 puntos más que hace siete años– apostaban por recentralizar o incluso suprimir las autonomías.

La dirección con la que la segunda transición arranca no puede ser más desasosegante. Y eso ciñéndonos tan solo a la llamada cuestión territorial. Porque nada se dice, por el momento, del resto de contenidos que van a estar en la agenda de la reforma constitucional. Ya llegarán.

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