23 de abril de 2024
La mirada del espectador

Se lo dijimos, señor Casado

Ramón Ocaña. Hace unos meses, instábamos desde este blog al sr. Casado a ganarse la posible presidencia del Gobierno de España y, bajo el titular de ¿Dónde están las llaves?, le animábamos a no confiar en el desgaste del ejecutivo socialcomunista y a conquistar cada voto haciendo frente a las innumerables iniciativas ideológicas impulsadas por el sr. Sánchez. 

Le proponíamos explorar espacios de encuentro con Vox, asumiendo la necesidad que iban a tener para conformar la mayoría necesaria para gobernar en cualquiera de los escenarios electorales, como así ha sido.

Pues nada de eso ha hecho Pablo Casado, ni lo hará ya. 

Una semana de conflictos internos en el Partido Popular ha sido suficiente para acabar con la carrera política de Casado. 

¿Cómo es posible que se haya producido tal tsunami de pánico, de traición, de abandonos, de consensos a la fuerza, como para acabar para siempre con la cúpula directiva del PP?

Quiero dar mi particular respuesta a esta pregunta. 

Pablo Casado se hizo con la presidencia del PP alzando dos banderas: la ejemplaridad frente a la corrupción, que había lastrado al partido y acabado con Rajoy, y los valores tradicionales del PP que representaban a su electorado y que habían sido abandonados por un estilo timorato y huidizo de hacer política. 

Pues bien, la realidad ha mostrado en este tiempo que poco o nada ha hecho diferente a su antecesor. Destaco cuatro cuestiones.

  • El abandono de la batalla cultural y de la confrontación con el gobierno socialcomunista, donde Vox ha actuado con mucha mayor determinación y agilidad. Casado ha confiado en que el Gobierno sufriera desgaste y la sociedad española le votara gratis para un cambio político. Todo menos trabajar.
  • Un modelo de política “correcta”, sin convicciones ni programas claros, confiada a una esperada buena gestión y cargado de posibilismo, pragmatismo, cortoplacismo y pensamiento mágico (el «Vamos a ganar todas las elecciones que se convoquen a partir de ahora» de García Egea).
  • Un modelo de partido donde las herramientas para promover la unidad han sido el férreo control interno, la explotación del miedo y la gestión de las obediencias y familias, cuando lo deseable sería una unidad en las convicciones compartidas. El desgaste fruto de esta gestión interna ya se ha visto estos días en los que tantos han pedido la cabeza de García Egea. El desgaste por controlar internamente a unos y a otros ha resultado, como se ha demostrado estos días, absolutamente inútil; por el contrario, ha sido el detonante de la caída de Casado. 
  • Una nefasta gestión de su relación con Vox (su natural y más fiable aliado) fruto del miedo y de la falta de visión política. Si analizamos en detalle la actuación de cada personaje en esta “semana trágica” Vox ha actuado con más lealtad que el 99% de su equipo “pepero”. Lejos de ensayar la cooperación con Vox, ha despreciado a sus líderes y votantes, ignorando, incluso, su propia necesidad, como se ha visto en los resultados electorales de Castilla-León.

Pablo Casado Blanco,

maltrató a los “buenos” por desconfianza hacia los “malos”,

olvidó sus compromisos con quienes le llevaron a la presidencia del PP,

no tuvo coraje y se negó a ver la realidad

DEP (políticamente)

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