12 de abril de 2024
La mirada del espectador

¿Quién saca a España de este caos?

Julio Rivero. ¡Vaya panorama!  Sánchez, estrenando Gobierno. Rajoy, abandonando la presidencia del PP. Iglesias, estrenando chalet y tratando de marcar la agenda de Sánchez. Y Rivera, momentáneamente desnortado.

Mientras tanto, el independentismo (más radical que el del mismo Puigdemont), se instala en la Generalidad y la toma de posesión de los Consellers se convierte en una apología del golpe de Estado y de la República independiente. Un aquelarre perverso, sin presencia de las autoridades del Estado, sin bandera nacional, que finaliza con Torra gritando “Visca Catalunya Lliure”. Continúa, y con más saña, la persecución de cualquier disidente españolista.

Una profesora de religión es denunciada por exponer la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad y el nuevo Gobierno, cargado de feminismo radical, hace augurar una escalada del acoso LGTBI a quienes se salgan un milímetro del pensamiento único.

Este es el caos que al que se enfrenta España. La capacidad de consenso mayoritario entre los partidos parlamentarios se reduce al ataque sistemático a la vida y a la familia natural, a la promoción de las tesis de género, a la vulneración del derecho de los padres a elegir la formación moral de sus hijos y a la ingeniería social de los “nuevos derechos”.

En ese discurso único hay voluntad común. En lo demás, no hay acuerdo posible. Cada quién quiere rapiñar en función de sus interese personales, de partido, de grupo o de territorio. ¿Qué es eso del bien común?, ¿Qué es la solidaridad?, ¿Qué es la altura política? Lo acabamos de ver en la pasada moción de censura que ha acabado con el gobierno del PP.

Y mientras, nuestra sociedad vive aletargada gracias a la mejoría de la coyuntura económica. Y acumula hastío por la política y cabreo por la chulería con la que el independentismo humilla a todos los españoles.

¿Qué o quién puede dar un giro a este statu quo?

El giro puede venir de la conjunción de varios elementos:

1. Agotamiento de lo políticamente correcto por el daño social causado (de modo similar a cómo se produjo la caída de la dictadura comunista en los países del Este a finales del siglo XX). Por citar algunos ejemplos, empieza a darse, más en las conversaciones entre compañeros de trabajo que en el ámbito público, la constatación de las mentiras de las tesis de género. Mucha gente ha sufrido en sus carnes y en las de familiares y amigos la injusticia contra el hombre en miles y miles de denuncias falsas. Algo parecido ocurre en el silencio de miles de mujeres que han abortado y hoy sufren como víctimas de una decisión equivocada. También empiezan a aparecer casos vinculados a los engaños transexualistas. La naturaleza no perdona.

Esto va a ocurrir. El problema es la cantidad de dolor que el pensamiento único va a generar antes de destruirse en su falsedad.

2. Heroísmo de minorías valientes y fieles al sentido común, a la verdad de la persona y de la familia. Personas libres, seguidoras de su conciencia y capaces de resistir al pensamiento único. Denunciarán que el rey está desnudo, serán juzgados como disidentes por proclamar la verdad. Se mantendrán, pese a todo, firmes, y su testimonio será referencia para muchos. Su fidelidad será molesta no sólo al poder político. También algunas autoridades morales y religiosas, instaladas en la corrección política y en el miedo, los tacharán de extremistas. Hoy estamos asistiendo ya la persecución de algunos de estos “mártires del siglo XXI”.

3. Nueva capacidad de presencia y vertebración social y política, superadora de los partidos tradicionales. No cabe duda de que los partidos políticos han defraudado las expectativas de los españoles, incluidos sus propios votantes. ¿Cómo movilizar la participación ciudadana y cómo elevar el interés social por la política como una “alta forma de caridad porque busca el bien común”, tal y como la ha definido recientemente el papa Francisco?

Aquí encaja el papel de las minorías creativas a las que se refería Benedicto XVI en 2009.

Frente a la desesperanza que puede provocar la distancia enorme entre la mejor España que quisiéramos construir y la realidad actual, solo cabe apelar a la fe y a la audacia. Siempre fue así.  Así se fraguaron las grandes gestas de nuestra historia, de la mano de protagonistas que han quedado en los libros y de muchos más protagonistas anónimos.

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