12 de abril de 2024
El Yunque

Los lectores preguntan: el Yunque y el secreto

Carmen Coimbra. Seguimos respondiendo a las preguntas de los lectores sobre el Yunque. (Por cierto, con más retraso del que nos gustaría).

En resumen, estos son los comentarios/preguntas de los lectores a los que la cuestión del supuesto y famoso secretismo del Yunque les inquieta.

¿Es secreta la Organización del Yunque?

¿Permite la Iglesia que los católicos pertenezcan a una organización secreta?

Si es secreto, no puede ser bueno. Por lo tanto, el Yunque es malo.

Vayamos por partes. 

Lo primero que hay que aclarar es que la ‘Organización del Yunque’ o ‘El Yunque’, nunca fue secreta sino reservada. El contexto histórico en el que nació, hace ahora 70 años¹, era el de la Guerra Fría y la expansión del comunismo en todo el mundo, especialmente en Hispanoamérica.

 En tiempos de persecución a los católicos y de guerra real o encubierta, han sido frecuentes los grupos formados por laicos (y a veces también por sacerdotes y religiosos) que no hacían pública su existencia ni divulgaban la identidad de sus miembros. 

Ya hemos mencionado en La Opinión Libre el caso del Plan Inter-Marium² del papa Pío XII para crear, frente a la expansión del comunismo en Europa y América, “organizaciones reservadas destinadas a formar líderes católicos capaces de defender su fe y dar la batalla doctrinaria en las universidades, consideradas como el punto neurálgico y el espacio vital para la promoción y defensa de la cultura cristiana”.

Naturalmente, las organizaciones reservadas también existieron durante la persecución de los católicos en la década de 1920 en México y la Guerra Cristera. Y también en la Polonia sometida por los comunistas, donde el propio Karol Wojtyla (hoy san Juan Pablo II) perteneció a Oasis, un movimiento clandestino de resistencia cultural frente al dominio soviético.

Volviendo al Yunque, es evidente que su nacimiento en un contexto de persecución real y física contra los católicos explica su carácter reservado. El propio fundador de la organización, Ramón Plata Moreno, sufrió dos atentados; el segundo de ellos acabó con su vida. Lo mismo sucedió con otros miembros del Yunque.

Sin embargo, desde sus inicios -y hasta nuestros días- conocen la existencia de esta Organización (hoy Organización del Bien Común) personas del mundo civil y eclesiástico (incluyendo obispos) ajenos a ella.

La discreción es una virtud. Aplicarla en la vida privada y pública es una práctica generalizada, legal y legítima. Se ejerce en las empresas, las organizaciones, los medios de comunicación, los partidos políticos y también la propia Iglesia Católica.

Las empresas, organizaciones y partidos políticos no hacen públicas sus estrategias, planes de venta o agendas internas.

Las órdenes religiosas, movimientos y asociaciones (católicas o civiles) no difunden la identidad de todos sus miembros ni cuentan el contenido de sus reuniones privadas o las etapas de sus itinerarios. Cuando escribo estas líneas me llega una noticia relativa a las decisiones del obispo de Segovia sobre traslados de párrocos en la que se afirma lo siguiente:

«Tanto lo tratado en los órganos de consejo del Obispo, como las conversaciones privadas del obispo con los sacerdotes, están amparadas por el secreto, como sucede en cualquier institución que se tenga por seria. El Obispo, como es obvio, debe mantener la reserva que conlleva su cargo.»³

Los medios de comunicación no publican toda la información que obra en su poder. Y mantienen absoluta reserva respecto a sus fuentes y a infinidad de datos a los que han accedido.

Como afirmaba el hoy fallecido cardenal chileno Jorge Medina: “¿Todo el mundo tiene derecho a saber todo acerca de todo? Me parece que la respuesta negativa es obvia. Y entonces, ¿cuál es el origen de que existan ámbitos reservados? En ciertos casos ese origen está en la naturaleza misma del ser humano, en su dignidad y en su autonomía. Verse en la necesidad de ha­cer públicos determinados aspectos de nuestra vida y de nuestra actividad, se­ría establecer una dependencia esclavizante y un desconocimiento de la libertad de cada cual”⁴.

El propio Catecismo de la Iglesia Católica, afirma que el “derecho a la comunicación de la verdad» no es incondicional. […] La caridad y el respeto de la verdad deben dictar la respuesta a toda ‘petición de información o de comunicación’. El bien y la seguridad del prójimo, el respeto de la vida privada, el bien común, son razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto. El deber de evitar el escándalo obliga con frecuencia a una estricta discreción. […]. Nadie está obligado a revelar una verdad a quién no tiene derecho a conocerla”⁵.

Hoy es frecuente que, tras una pretendida transparencia, se promueva una cultura exhibicionista y destructiva. Las leyes, sin embargo, defienden el derecho a la intimidad y la protección de datos personales frente a terceros⁶.

La discreción permite también cultivar la humildad, otra virtud muy necesaria para todos, especialmente para las personas que trabajan en el servicio público, a menudo tentadas por el deseo de vanagloria y reconocimiento. 

Discreción y humildad tratan de vivirlas y practicarlas -me cuentan- los integrantes de la Organización del Bien Común.

Notas a pie de página

  1. Yunque: resistencia al comunismo
  2. Pío XII, inspirador del Yunque
  3. Polémica en la diócesis de Segovia por los cambios realizados por el obispo
  4. Transparencia, privacidad, reserva, discreción y secreto
  5. Catecismo de la Iglesia Católica
  6. Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen
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