12 de abril de 2024
La mirada del espectador

Los aplausos a Jesús Vidal: de la hipocresía a la esperanza

Javier de Carlos. Mucho se ha comentado por todos el emotivo discurso del actor Jesús Vidal, discapacitado intelectual, en la pasada gala de los Premios Goya. En ambientes provida se ha destacado, con toda razón, que fue un precioso alegato en favor de la vida y de la familia. Su final -“a mí sí me gustaría tener un hijo como yo, porque tengo unos padres como vosotros”- pone la piel de gallina a cualquiera. 

Con la misma razón se ha subrayado que los aplausos de los asistentes a la gala al protagonista de “Campeones” fueron un alarde de la hipocresía que en estos momentos afecta a una parte de la sociedad española con respecto a los discapacitados. En mayo del pasado año un soberbio artículo del escritor Juan Manuel de Prada, titulado “El exterminio de los campeones”, ya había puesto el dedo en la llaga sobre la macabra paradoja con la que se empeñan que convivamos.

Con todo, hay otra mirada posible a esos aplausos y a los emocionados rostros que los acompañaron. Es la mirada de la esperanza.

Esas personas que por un lado defienden enconadamente el aborto y por otro celebran el conmovedor testimonio del “mejor actor revelación de la temporada”, no han podido renunciar a su humanidad y a lo que naturalmente tienen inscrito en su corazón. Un corazón capaz de vencer a la ideología. Y es ahí donde podemos encontrar la semilla de un futuro mejor para la protección del no nacido.

En los años 90 del pasado siglo, el filósofo Julián Marías abogaba, para el rechazo del aborto, por “un planteamiento elemental, accesible a cualquiera, independiente de conocimientos científicos o teológicos, que pocos poseen (…)”.

“La sencilla sensatez rechaza el aborto”, escribía. Por eso, desvelar de nuevo el sentido común de los españoles y conectar con él son dos de los grandes desafíos de quienes defendemos la intrínseca dignidad de toda vida humana desde el momento mismo de la concepción.

Hay, en consecuencia, toda una pedagogía social a realizar. Conseguir el “Aborto 0” en España no depende solamente de la frontal abolición de la inhumana legislación abortista. Es imprescindible una acción cultural inteligente y sistemática que prepare la ineludible reforma legal, haciendo calar ese “planteamiento elemental” sobre la dignidad de los más vulnerables y la protección que los poderes públicos deben otorgarles. Que haga patente el derecho a la vida de los “Campeones”.

¿A quién toca esa labor cultural, dirigida a las mentalidades y a los corazones de los españoles? Indudablemente a todos, cada uno en su ámbito propio de responsabilidad. Por supuesto atañe también, especialmente, a los movimientos sociales provida. 

Y debiera ser un firme compromiso de las opciones políticas que proclaman su respeto del derecho a la vida, como al menos en teoría hace Casado en el Partido Popular y, de forma más explícita, Vox. A estos partidos hay que pedirles coraje en la derogación de la legislación que despenaliza el aborto y lo convierte en un falso derecho de la mujer. Pero, asimismo, que sean capaces de desplegar campañas sociales y educativas que, en medio de tanta ideología de la cultura de la muerte, hagan recuperar a los españoles la “sencilla sensatez” que rechaza el aborto como un crimen fundado, como escribía también Marías, en “la negación del carácter personal del hombre”.

El ilustre filósofo terminaba su antológica reflexión afirmando que “la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final”. Pues bien: sólo la recuperación de la “sencilla sensatez” que, a pesar de todos los pesares, puede encontrarse en los encendidos aplausos a Jesús Vidal, hará posible la vigencia otra vez en España del derecho a la vida de los más vulnerables.

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