22 de abril de 2024
La mirada del espectador

Los actores de la “segunda transición”

Carmen Coimbra. El anunciado pacto del PSOE y del PP para reformar la Constitución excede, con mucho, la cuestión territorial. El desafío independentista de Cataluña es sin duda de una enorme gravedad pero no parece que sea éste el momento oportuno, en pleno pulso al Estado por parte de la Generalidad, para cambiar las reglas del juego.

¿Estamos ante una maniobra táctica de Rajoy para asegurarse el apoyo de Sánchez? ¿O se trata de un proyecto de largo alcance que quiere establecer el Estado federal y de paso consolidar, con blindaje constitucional, los llamados “nuevos derechos” introducidos por Zapatero y mantenidos sin cambio alguno por Rajoy?

En realidad, ambas opciones son compatibles. En cualquier caso, todo apunta a que el acuerdo entre los dos principales partidos dará a luz una nueva carta magna en España. En un contexto muy diferente al de 1978. Cuarenta años de democracia y más de veinte años de gobiernos socialistas y otros tantos de una derecha,de la UCD al PP de Rajoy, sin proyecto político ni ideas de fondo. Y un nacionalismo creciente alimentado tanto por la derecha como por la izquierda.

¿Quién va a escribir la nueva Constitución? El PSOE de Sánchez, el PP de Rajoy y Soraya, Ciudadanos, con su ideología progre. Y concesiones a los nacionalistas más civilizados, estilo PNV. Esta es la representación política de la sociedad española. Y si no me equivoco, veremos consagrados constitucionalmente el “matrimonio” entre personas del mismo sexo, el aborto como “derecho” y la ideología homosexualista de los lobbies hasta en la sopa. Y nadie dirá nada.

La Iglesia católica, que desempeñó un papel relevante en 1978 porque representaba a buena parte de la sociedad española de entonces, ha renunciado a tener presencia pública alguna. La actuación de la Conferencia Episcopal Española frente al desafío secesionista de Puigdemont y compañía recuerda al viejo torero que se corta la coleta en una última faena que le sale pésima. El desacierto fue de tal magnitud que la Iglesia española, al menos en forma colegiada, se guardará bastante de volver a opinar de un tema de bien común. Otra cosa son los pronunciamientos episcopales individuales, que han sido varios y rotundos.

Así que bienvenidos todos a España 2021, por poner fecha a la nueva Constitución. Una pasada por la izquierda con la bendición de la derecha tecnócrata sin valores ni principios que padecemos.

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