22 de abril de 2024
La mirada del espectador

Lavapiés is not Spain

Ricardo Muyo. El presidente títere de la comunidad autónoma de Cataluña ha decidido chulear a las autoridades españolas una vez más. Y, una vez más, las autoridades españolas se lo permiten esgrimiendo un catálogo de garantías de las que ningún ciudadano español dispone.

Pongamos que alguien se encadena a las puertas del Palacio de la Generalidad de Cataluña con un cartel que comience así: “La madre de Torra es una…”. ¿Vendrían los Mozos a pedirle que tuviera la amabilidad de retirar el cartel? ¿Le concederían un plazo para retirarlo?

Supongamos que lo retira, pero lo sustituye por otro cartel que diga comience “La hija de Torra es…”. Y que la escena se repita ad nauseam: que le pidan que retire las cadenas y las sustituya por una cuerda, que le exijan que se aparte de la puerta y se retire… hacia el interior del edificio. Y que todo esto se rematara con una querella por coartar la libertad de expresión, la libre circulación y hasta el derecho de un artista a crear su obra.

Alguna vez lo hemos advertido y, desgraciadamente, acertamos: cuando la desobediencia sirve para hacer lo que a uno le da la gana, cuando se normaliza el incumplimiento de la ley como herramienta para hacer política, el ejemplo cunde. 

Recordarán ustedes que hace un año un policía municipal de Madrid acudió a asistir a un mantero que sufría un ataque al corazón. Al principio, se difundió la falsa noticia (fake news) de que el agente era el causante de la muerte del inmigrante y un falso sindicato de manteros (se sospecha que son solo los tontos útiles al servicio de un interés ideológico) organizó una revuelta contra el racismo.

La alcaldesa Carmena, responsable del orden en la ciudad, decidió ponerse de perfil, porque mola más estar con los wellcomerefugees que con la policía. Así que y dejó al agente (y con él a todo el cuerpo) a los pies de los caballos. Finalmente, la verdad resplandeció, pero entre los policías municipales quedó la herida de quien hace un servicio y le pagan con patadas, especialmente los responsables políticos.

Pero ¿qué tienen que ver la historia de Torra y la del mantero? Pues que, con motivo del aniversario de la muerte del mantero y de la difusión de la falsa noticia, los del falso sindicato de manteros colocaron un cartel en recuerdo de “Mame, víctima del racismo institucional del Estado Español”. Sin detenernos en el detalle de que el cartel culpa al Estado y no al ayuntamiento, sorprende la corrección con la que está escrito el texto.

Aunque los hechos son distintos, quienes manejan este asunto de los manteros saben que la técnica del nacionalismo funciona. Es rentable políticamente atacar al “Estado Español”, tan denostado por la izquierda y solo defendido por los fachas. Quienes lo hacen aparecen como unos rebeldes reprimidos, pese a que, como ya hemos dicho, se ofrecen más garantías precisamente a quienes más flagrantemente violan la ley.

Se lanzan fake news porque el “miente que algo queda” también da resultados, especialmente entre los ya predispuestos a aceptar que en España sigue existiendo dictadura, pero también fuera de nuestras fronteras, donde algunos países europeos pretenden darnos lecciones de democracia. Y el medio para lanzar las falacias es el de los hechos consumados e ilegales: un cartel que los manteros ponen por sus pistolas y a ver quién es el guapo que lo retira.

Por último, el victimismo. Eso de hacer lo que a uno le da la real gana y quejarse de que luego le impongan la ley por la fuerza. Lo vimos en las manifestaciones tras el golpe de Estado del 1 de octubre, en las que hubo 250 millones de heridos, pero ninguno llegó al hospital. En Lavapiés, cuando es cierto que nadie debe tener más derechos que nadie por su color de piel, algunos ya tratan de imponer la ley de la calle y ser inmunes por su color de piel.

Pero, encontrándonos en periodo preelectoral, aquí no podía parar lo estrambótico: el ayuntamiento no retira la placa. Y, para colmo, la decisión se sometió a la más ridícula de las votaciones en el pleno municipal. Y para colmo de los colmos, PSOE y Podemos votaron en contra de retirarla. Y así todo, oiga.

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