12 de abril de 2024
La mirada del espectador

Las nueve paradojas del nuevo panorama electoral en España

Ricardo Muyo. La resaca de las pasadas elecciones andaluzas se anuncia larga. Tras décadas sin sorpresas en las que el PSOE podía permitirse, y se permitió, todo tipo de lujos sin pagar por ello en las urnas, el tranquilo panorama electoral andaluz estalló por los aires el pasado 2 de diciembre. Los ingredientes autonómicos y nacionales del cóctel han hecho rebosar una copa cuya mancha se extiende ahora por todo el territorio nacional.

Y en ese cóctel cabe destacar algunos elementos paradójicos que bien pueden valer para las elecciones autonómicas, municipales y europeas (y vaya usted a saber qué más) del próximo mes de mayo. A saber:

  1. El primero y más evidente: el miedo a la ultraderecha azuzado por Susana Díaz para despertar a su electorado permitió a Vox romper las barreras electorales, los techos de cristal y las predicciones más optimistas en materia de escaños. Díaz sacó al doberman a cazar y acabó siendo la presa. No contentos con esto, los chicos de Podemos se han lanzado a una “alerta antifascista”. Con este mensaje rancio los morados, también escaldados en las elecciones andaluzas, quieren activar a sus votantes potenciales de cara a las próximas convocatorias. No sé si cabe en sus cálculos que el antipodemismo es un factor de movilización de incalculable valor que hasta ahora ha beneficiado al PP pero, si Iglesias y sus camaradas atacan a Vox ya no hay sondeo que se atreva a vaticinar hasta dónde puede llegar Santiago Abascal.
  2. La segunda paradoja se centra también en el PSOE: Susana Díaz, némesis socialista de Pedro Sánchez, logró doblegar en un primer momento al secretario general del PSOE, pero se lo dejó escapar vivo. El odio africano que ambos se profesan hacía prever que, tarde o temprano, Pedro intentaría cargarse a Susana, si es que ésta no acertaba a hacer lo propio con el líder del partido.
    Para mantenerse en la batalla, Susana se encontraba refugiada en los cuarteles de invierno, a la espera de ganar nuevamente en Andalucía y volver a la carga en caso de que la primavera de 2019 traiga una nueva tempestad sobre el liderazgo del PSOE. La derrota del 2 de diciembre pone a Díaz al borde del precipicio, pero quien más anhela darle el empujón final sabe que los tobillos de ambos están encadenados. Como en una tragedia griega, la muerte política de una parece acarrear la del otro… y viceversa.
  3. Otra más sobre el PSOE: cuando Díaz trató de desembarcar en Ferraz arrojando por la borda a Sánchez, no pocos socialistas de toda la vida respiraron aliviados al ver alejarse a un líder dispuesto a contemporizar con los nacionalistas. El hombre de Díaz en Ferraz, Antonio Pradas, representaba un socialismo capaz de sostener ideas de izquierdas pero con menos complejos a la hora de defender la unidad. Con todos los matices que se quiera, el PSOE de Díaz representaba lo contrario al de Sánchez y Zapatero, ese que propugnaba la nación de naciones y la nación como concepto discutido y discutible.
    Sin embargo, el hecho de que las elecciones andaluzas se hayan leído en parte en clave nacional, ha hecho pagar al susanismo por las aventuras del sanchismo.
  4. Vamos con el PP: el recién llegado Pablo Casado se encontró a Juanma Moreno como presidente del PP andaluz, colocado por el clan Soraya-Arenas, con una derrota electoral a sus espaldas y aparentemente con poco futuro hasta hace unos meses. Recordemos que Casado llegó en julio de este año, cuando el ruido de urnas en Andalucía hacía que un cambio de líder pareciera poco prudente y decididamente precipitado. En verano, cuando había que tomar la decisión, Casado optó por mantener a Moreno con la nariz tapada: si perdía, el PP no tendría problema en asumirlo, como se asume que en invierno hace mucho frío y mucho calor en verano. En tal caso, Casado no tendría más remedio que abrir con lágrimas la puerta a Juanma Moreno y cerrarla entre sonrisas. El nuevo líder popular tendría así una legislatura entera para colocar a su candidato y amoldar el PP andaluz a la nueva dirección genovesa, lejos del control de Arenas.
    Pero, para desgracia-alegría de los populares, parece ser que Moreno se convertirá en el nuevo presidente de Andalucía.
  1. Por supuesto, otra paradoja sencilla en la que no hay que detenerse demasiado: el PP se ha dado un galletón de cuidado perdiendo siete escaños, lo cual supone una nueva desgracia-alegría. Pero perdiendo, gana.
  2. Del punto anterior se desprende un detalle también divertido: durante los últimos años, el PP se había escorado hacia la izquierda pugnando por un espacio electoral en el que PSOE y Ciudadanos también se encontraban cómodos. Tras la moción de censura y el cambio en la Ejecutiva, el PP parecía haber recuperado la cordura y temía la deriva del voto de derechas, tradicionalmente popular y cada vez más descuidado por ser voto cautivo, hacia Vox.
    Los populares temían que, como hasta ahora, los votos a Vox se perdieran en los restos sin capacidad para obtener representación. En el peor de los casos, una tímida aparición de los verdes no serviría de mucha ayuda para desbancar al PSOE. Por supuesto, el nuevo PP de Casado aspiraba a mantener ese voto cautivo y ya había movido ficha con guiños a las propuestas de Vox, una opa ideológica con la que facilitar el retorno a la casa madre. No es descartable que, con el tiempo, si Vox no lograba escaños, el nuevo PP estuviera en disposición de opar a los voxistas también con cargos, ofreciendo a los hijos pródigos la posibilidad de alcanzar metas políticas sin renunciar a sus ideas pero cambiando de formación política.
    No obstante, la irrupción de los de Abascal en el escenario electoral andaluz (y nacional) puede acabar convirtiéndose precisamente en la salvación de los populares. Hasta el momento, el PP estaba condenado a sacar mayoría absoluta si no quería verse sometido a los pactos del PSOE con los partidos nacionalistas y de izquierdas. En algunos casos, había otra opción casi igualmente dolorosa: someterse a los caprichos de Ciudadanos y pasarse la legislatura mirando de reojo por si los naranjas cambiaban de opinión.
    Al final, el voto útil que tanto reclamaba el PP es el que se ha teñido de verde y al PP le ha venido Vox a ver.
  1. Tampoco se libra Vox, que se presentó a las elecciones como azote de la “derechita cobarde” a la que ahora va a ayudar a gobernar. Es legítimo y no es la primera vez que ocurre, pero no me digan que no es paradójico. Lógicamente, con el número de escaños con el que cuenta ahora Abascal, la estrategia será vender su apoyo a cambio de que se introduzcan medidas que Vox se pueda apuntar como logro ante sus votantes.
  2. Por rizar el rizo de las contradicciones aparentes: la comunidad autónoma más fielmente socialista podría pasar a la historia como plataforma de despegue de Vox. Andalucía, cuna, tradición y referente del socialismo, quedará en los anales como el comienzo de la esperanza para el voxismo.
  3. De paso, y a falta de confirmar si lo de Vox sigue en ascenso, no me digan que no es curioso que un partido que abandera la causa contra la España de las autonomías se haya estrenado a todo trapo en una comunidad autónoma peculiar al tiempo que relevante: no es Cataluña, pero tampoco es La Rioja, si ustedes me quieren entender…

Dejo para el final algo que no es una paradoja, sino una provocación. Los votantes de Vox no me lo van a perdonar, pero no puedo resistir la travesura: seguramente han escuchado o leído alguna vez que Podemos era un producto de laboratorio generado en las entrañas de Génova para debilitar al PSOE. Es una de esas teorías de la conspiración donde todo cuadra excepto el hecho de que estos supuestos experimentos acaban indefectiblemente volviéndose en contra de sus supuestos creadores.

Nunca lo he creído al cien por cien, pero los mismos que acusaron al PP de alimentar a Podemos ¿admitirían hoy con igual alegría una teoría semejante cambiando al PP por el PSOE y a Podemos por Vox? Antes de que se lancen a responder ya les digo que es que hoy me ha dado por la provocación y repito que no todo lo verosímil tiene por qué ser cierto.

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