22 de abril de 2024
La mirada del espectador

Las malas compañías de Pablo Casado

Ricardo Muyo. Cuando realizar una moción de censura – y mucho menos ganarla – no era siquiera un sueño, nos atrevimos a recordar quiénes eran los candidatos a suceder a Rajoy en el medio y largo plazo. No nos equivocamos mucho, si bien la situación ha cambiado en menos de un mes: una moción de censura fulminante, una retirada total de Rajoy, una renuncia al dedazo, la caída de Núñez Feijóo de la lista, la aparición de siete aspirantes, algunos de ellos muy interesantes…

Esto demuestra que la política es más emocionante que un mundial de fútbol y que todas las opciones están abiertas. Que se lo digan a Pedro Sánchez, a quien muchos desahuciaron ante el poderío de Susana Díaz. En las primarias del PP, que algunos se empeñan en cerrar a un duelo entre Cospedal y Sáenz de Santamaría, puede pasar casi cualquier cosa.

El PP tiene una oportunidad de oro para recuperar de verdad los votos que se han ido a Ciudadanos, a Vox o a la abstención, tal y como han reconocido algunos de los candidatos. Ahora bien ¿cómo lo piensa hacer? En esa renovación hay que analizar el pasado de los líderes y las compañías que figuran al fondo de la foto.

Aunque casi todos los candidatos se mueven en una cierta ambigüedad, en mi opinión, sorprende particularmente Pablo Casado. Se ha dicho de él que es el candidato del aznarismo, aunque el propio Aznar- no sabemos si por no perjudicar a Casado- ahora niega la mayor. Parece también evidente la mano protectora de Esperanza Aguirre. En cualquier caso, en los círculos populares confirman la carta de presentación del candidato: encarna los valores “del PP de toda la vida” con un soplo de aire fresco.

De hecho, Pablo Casado ha dejado caer que se enfrentó a la ley del aborto de Zapatero y se ha postulado como el defensor de la unidad de España y de la familia. Nos cuentan que, mucho antes de que las primarias en el PP fueran un proyecto, el hoy candidato manifestaba en la intimidad que su margen para ahondar en estos temas era más escaso de lo que le gustaría. Es algo que le honra y debemos entender que el los partidos políticos no se premia la valentía de quienes quieren hacer cambios.

A mi juicio, suma puntos el hecho de que los medios de izquierda lleven tiempo persiguiéndole por un caso sobre el que ha dado ya todas las explicaciones necesarias. Alguien teme que, a diferencia de otros candidatos, Casado sea el líder que los votantes del PP anhelan y que, por otra parte, no tenga más basura con la que tumbarle en el futuro.

No vamos a extendernos en la figura del candidato porque ustedes están esperando un pero. Y ese pero que les debo se lo voy a dar. Entre los apoyos del candidato, aparte de un par de jóvenes diputados – de los que sabemos… que son jóvenes – se encuentra Javier Maroto. Aparentemente, las ideas de Maroto sobre la familia y el humanismo cristiano son completamente opuestas a las de Casado: el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo o la gestación subrogada son cuestiones por las que muchos votantes han abandonado al PP y Maroto es partidario de profundizar aún más en estos temas.

Además, Maroto procede de ese PP vasco “renovado” del que se fueron María San Gil, Santiago Abascal, Ortega Lara y otros valientes que hicieron frente, aun a riesgo de sus vidas, a ETA y su entorno. El actual PP vasco tiene como objetivo no ganar nunca unas elecciones, dejar que los herederos de los terroristas hagan y deshagan en las instituciones y esperar pacientemente a que un día un lehendakari corte los escasos hilos institucionales que unen a la región con España. Ciertamente, les verán ustedes quejarse de cara a la galería, pero el hecho es que el PP vasco, concretamente Javier Maroto, se mostró partidario de dejar a un lado los escrúpulos y pactar con Bildu.  Hubo un tiempo en el que algunos miembros del PP vasco se quejaron de la situación.

Hay que admitir que en política no todo son afinidades ideológicas absolutas y que, entre militantes de un mismo partido, puede haber desencuentros sobre los que prima la afinidad personal. Sin embargo, la importancia de estas cuestiones es tal que Pablo Casado debería aclararnos si va a dejar a Maroto que se encargue de la ideología. En este caso, no tendría sentido que el líder del partido dejara en manos de otros asuntos de este calado.

Quiero creerme que el diputado por Ávila es un tipo íntegro cuya defensa del humanismo cristiano es real. Ahora bien, tengo por seguro que el compromiso ideológico de Javier Maroto es absoluto y que su empeño podría anular las supuestas buenas intenciones de Pablo Casado.

Si el palentino no entiende que el PP no puede hacer seguidismo de las banderas de la izquierda, que el partido tiene que tener su propia personalidad, que no hay que dejar que otros le marquen las normas y te coman la merienda… se convertirá en una reedición de Mariano Rajoy, o de Aznar, que llegó a la Moncloa prometiendo derogar la ley del aborto y se justificó ocho años después argumentando la existencia de un supuesto consenso que impedía el cambio. En ese caso será mejor que el PP caiga de una vez por todas.

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