12 de abril de 2024
La mirada del espectador

La Iglesia española y las elecciones generales

Carmen Coimbra. Nos encontramos inmersos en la segunda campaña electoral de 2019, la previa a los comicios que decidirán qué partidos gobiernan en la mayor parte de las comunidades autónomas y municipios españoles.

Pero antes de hablar de las elecciones del 26 de mayo quiero compartir algunas reflexiones sobre la posición electoral que ha adoptado la Iglesia católica española, más concretamente la jerarquía, es decir los obispos y los medios de comunicación de titularidad episcopal antes de la convocatoria electoral del 28 de abril.

Lo primero que cabe reseñar es que ningún órgano de la Conferencia Episcopal Española ha hecho público documento alguno relacionado con las elecciones generales. Ni la Asamblea Plenaria (todos los obispos) ni la Comisión Permanente ni el Comité Ejecutivo. En realidad, los organismos episcopales no están aprobando -desde hace meses- ni dando a conocer posicionamientos sobre ningún asunto. Esta realidad puede obedecer (en mi humilde opinión) a dos motivos. Uno, que no tienen nada que decir, lo cual sería muy grave. Otro, que son incapaces de ponerse de acuerdo para redactar y aprobar unas líneas. El caso es que han optado por no decir nada de forma colegiada desde hace muchos meses. Perfil no ya bajo sino subterráneo.

No obstante, justo es reconocer que algunos prelados si han dicho algo antes del 28 de abril a título particular y, por tanto, bajo su responsabilidad. Sin duda, el posicionamiento más relevante es el del secretario general de la Conferencia Episcopal Española y obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, quien publicó un artículotitulado ‘Ante las próximas elecciones’ en el que exponía varios criterios que los católicos debían tener en cuenta a la hora de emitir su voto. En su texto recogía los principios generales de la enseñanza de la Iglesia sobre varios asuntos. Pero, junto a los grandes principios, hacía afirmaciones como esta: “Tanto en el campo de la identidad nacional como en el de la identidad personal, el llamado «derecho a decidir» no es moralmente legítimo en sí mismo, pues supondría la absolutización de la voluntad de poder desvinculada de la moralidad del contenido de la decisión y del marco social e institucional donde se toman las decisiones”.

También el arzobispo de Toledo -ya de salida debido a su edad- Braulio Rodríguez Plaza, publicó una breve carta titulada ‘Nuestra responsabilidad’ en la que únicamente hacía una apelación al bien común y a la política como vocación de servicio y criticaba a los políticos. 

Pero sin duda el eclesiástico que más se ‘mojó’ mes y medio antes del 28 de abril fue el arzobispo de Granada, Javier Martínez, quien difundió una carta titulada ‘Votar a una cierta derecha es votar a una cierta izquierda’ en la que -sin referirse a ningún partido en particular- dejaba bien claro (probablemente la única idea nítida del texto) que Vox era una opción de voto inaceptable para un católico. 

Por otro lado, ha sido evidente que los medios de comunicación de titularidad episcopal han intentado, en sus opiniones oficiales (puede escucharse la línea editorial COPE del 27 de abril), guardar las formas para inclinar los votos hacia “opciones moderadas”. Y comunicadores ‘estrella’ de la cadena como Cristina López Schlichtig (perteneciente como el arzobispo de Granada a Comunión y Liberación) no dudaron en posicionarse contra la formación de Abascal en vísperas de las elecciones.  

Finalmente, en 13TV el periodista Antonio Jiménez, cuyas simpatías por el Partido Popular no son ningún secreto, estalló contra Vox el día después del 28A considerando a los de Abascal culpables del desastre electoral del partido de Pablo Casado.

Pues esto es lo que hay. El voto católico -si alguna vez lo hubo- hace tiempo que falleció en España. El episcopado -los pastores- enmudecen ante la situación política, con tres excepciones, cada una por su lado. Los medios de titularidad católica parecen inclinarse por los ‘populares’, la derecha de siempre que ha consolidado sin inmutarse la práctica totalidad de las reformas ideológicas del PSOE. Según algunos, los Acuerdos Iglesia-Estado (con la clase de religión), el IRPF y los conciertos educativos podrían ser la clave.

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