12 de abril de 2024
La mirada del espectador

Instalados en la anomalía

El año 2018 se cierra, en lo que a la política española se refiere, con las incertidumbres que se han ido gestando en los últimos tiempos al hilo de tres anomalías: la presidencia de Sánchez, el consentido enquistamiento del estado de golpe permanente en Cataluña y el recorrido electoral de los “humillados e insultados”, por usar la feliz expresión del socialista Fernández Vara con referencia a los votantes de Vox.

Las tres incertidumbres, las tres anomalías, protagonizan el tablero político español y condicionan los movimientos de todos los actores, en general bastante descolocados en este imprevisible escenario.

En política siempre es difícil hacer pronósticos y más aun con semejantes coordenadas. Habrá que esperar a sumar nuevos datos, que la agenda de las próximas semanas irá decantando.

Por de pronto, el desenlace del proceso para la formación de gobierno en Andalucía ofrecerá nueva luz –por si aún hay alguien que no veía claro– sobre la verdadera identidad de ese producto político de “diseño” que se llama Ciudadanos y sobre la capacidad de Vox para hacer valer su ventajosa condición de llave para la formación de Gobierno. Respecto al PP y la izquierda cabe ya poca capacidad de asombro.

Enero proporcionará también pistas importantes sobre los presupuestos y, con ellos, la posibilidad de continuidad de Sánchez en la presidencia, aunque parece que el veto del PP en el Senado debiera malograr incluso el escenario más favorable para nuestro presidente por accidente. Pero en política nunca se sabe…

También para enero está prevista la continuación del diálogo de Sánchez con los golpistas de Cataluña, después de su vergonzosa e irresponsable actuación en Barcelona el 21D ¿Tiene Sánchez algún plan, por funesto para España que sea, o todo es una huida hacia delante, enmascarada en la vacía retórica de la portavoz Celaá? Sea como sea y con el juicio en el Tribunal Supremo ya abierto, los únicos que verdaderamente ganan tiempo y refuerzan sus posiciones son los separatistas, pese a su división y debilitamiento en algunos frentes.

Y, finalmente, la anomalía Vox. Un invitado a quien nadie esperaba y que ha trastocado por completo el reparto de sitios en la mesa ¿Será Vox una opción política que, cuando llegue la hora del ejercicio real de poder, sirva de verdad al bien común con representantes coherentes y honestos? Por de pronto, el vendaval Vox ha otorgado carta de ciudadanía a un significativo sector de españoles enterrados por la política oficial. Por de pronto, también ha introducido en la agenda política temas tabú, obligando a reposicionarse –o a limitarse- a otros actores. Y, por de pronto, está sirviendo para poner de manifiesto las burdas asimetrías de un sistema democrático en el que, cada vez de manera más clara, “el antifascismo es el nuevo fascismo”. Y todo esto, dejando a un lado la mayor o menor afinidad que se pueda tener con Vox, nos hacía mucha falta en España.

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