23 de abril de 2024
La mirada del espectador

Iglesia española: pastores mudos, pastores locuaces

Carmen Coimbra. La Iglesia española o, para ser exactos, “la Iglesia que peregrina en España”, anda un tanto desnortada en lo que a algunos de sus pastores se refiere.

En los últimos años la jerarquía de la Iglesia, en concreto altos representantes de la Conferencia Episcopal Española, se ha referido de forma muy tímida a algunos de los problemas que preocupaban a los españoles. Y -en alguna ocasión- no ha faltado obispo que haya provocado más confusión que tranquilidad a los fieles.

Si nos vamos a la sección ‘Prensa’ de la Conferencia Episcopal Española nos encontramos que las noticias que el Departamento de Comunicación de los obispos españoles destacan se refieren a su vida interna: planes pastorales, sínodos… Destaca un congreso sobre ‘La Iglesia en la sociedad democrática’ celebrado en octubre que ha tenido como objetivo “poner en valor el papel de la Iglesia en la Transición; sus relaciones a lo largo de estos 40 años con el Estado y la sociedad democrática; y su contribución a la educación, la cultura y el desarrollo social”.

Los documentos aprobados en la Asamblea Plenaria de los obispos (la reunión que se celebra dos veces al año y a la que están todos convocados) en los últimos años también son elocuentes: Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo, Mensaje con Motivo del 50 Aniversario de la CEE Plan Pastoral 2016-2020, Instrucción Pastoral: Iglesia, servidora de los pobres.

Luego están los textos aprobados por la Comisión Permanente (no le faltan organismos a la Conferencia Episcopal: secretariados, comisiones, subcomisiones…). Sólo uno al año y en 2018, ninguno. En 2015 y 2016 mensajes sobre la canonización del obispo Manuel González y de la Beata María Purísima de la Cruz. Y en 2017, una Declaración de la Comisión Permanente ante la situación en Cataluña en vísperas del golpe de estado del 1 de octubre en la comunidad autónoma catalana. Un texto absolutamente prescindible en el que se evitó mencionar el término ‘España’ e incluyeron párrafos tan claros y valientes como éste: “Para hacer posible este diálogo honesto y generoso, que salvaguarde los bienes comunes de siglos y los derechos propios de los diferentes pueblos que conforman el Estado, es necesario que, tanto las autoridades de las administraciones públicas como los partidos políticos y otras organizaciones, así como los ciudadanos, eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúe al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales”.

Por fortuna, en algún discurso institucional el cardenal Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española, se ha atrevido a afrontar asuntos como la ideología de género. Por ejemplo, en noviembre de 2017 se refirió a esta corriente ideológica y de nuevo a la situación en Cataluña. Al menos en esa intervención lamentó la declaración institucional de la Generalidad que establecía “la ruptura” con el “Estado español”. El presidente de la Conferencia Episcopal volvió a omitir la palabra ‘España’ pero mencionó el término ‘Constitución’ en tres ocasiones.

Por fortuna, en vísperas de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre del presente año los prelados andaluces emitieron una nota bastante clara orientando a los católicos en su voto.

En este contexto, hace unos días el principal comunicador de la cadena propiedad de la Conferencia Episcopal Española, Carlos Herrera, salió a la palestra para decir cosas como que “en España hay un consenso sobre el aborto” y criticar a Vox por querer quitar la financiación pública de esa práctica contra la vida humana o de los “cambios de sexo”. Y en la misma semana, un cura de Soria ha sido desautorizado por su obispo por hablar bien del líder de Vox. Mientras, los obispos catalanes apoyan la huelga de hambre de los golpistas encarcelados.

Se cuenta que Napoleón Bonaparte amenazó a un cardenal de la Iglesia Católica en estos términos: «Voy a destruir su Iglesia». El cardenal le contestó: «No, no podrá». El emperador francés volvió a insistir en su amenaza. Y el eclesiástico le contestó: «No podrá destruirla. En diecinueve siglos nosotros no lo hemos conseguido”.

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