22 de abril de 2024
El Yunque

El estilo del Yunque (III)

Anticipábamos, en nuestra anterior entrega sobre el estilo de Organización del Bien Común (OBC) y el símbolo del yunque como síntesis de su estilo, que las referencias en la espiritualidad cristiana a esta imagen no terminaban en San Ignacio de Antioquía y, por extensión, en San Pablo.

Hace falta aquí una pequeña aclaración. La imagen del yunque en la OBC apela como hemos visto, a la virtud cristiana de la fortaleza y ésta, en cuanto consecuencia del amor a Cristo, no puede faltar en la ascética cristiana, con imagen del yunque o sin ella. Fray Luis de Granada, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola…, por citar solo algunas cumbres de aquella, nos dejaron páginas inmortales sobre esta cuestión. No necesitaban recurrir a la imagen del yunque para hacerse entender…

Otros maestros espirituales, entre ellos no pocos santos, en cambio, sí encontraron inspiración explícita en el yunque o quisieron hacer pedagogía de esta imagen, como ya había hecho San Ignacio de Antioquía en el siglo I.

Santa Catalina de Siena: “Cristo hizo de sí mismo un yunque”

Un caso muy significativo es el de Santa Catalina de Siena (1347-1380), virgen, Doctora de la Iglesia y patrona de Europa. Tanto en su obra mística Diálogo como en sus Cartasla santa se refiere a Cristo como un yunque. Veamos algunos pasajes de estas obras.

De Diálogo:

¿Sabes cuándo fue levantado este puente? Cuando fue alzado sobre el leño de la cruz. Viendo mi Bondad que no podíais ser atraídos de otra manera, le envié para que fuese levantado sobre el leño de la cruz, haciendo de Él un yunque en el que se forjase el hijo de la humana generación para quitarle la muerte y restituirle la vida de la gracia. 

(…) Mi unigénito Hijo os dio la vida y señorío, pues erais esclavos del demonio y os arrancó de su esclavitud. Le hice siervo a Él para quitaros a vosotros la servidumbre, y le impuse la obediencia para hacer desaparecer la desobediencia de Adán, humillándose él hasta la afrentosa muerte de cruz para confundir la soberbia. ¿No te dije antes que su propio cuerpo lo había hecho yunque?

(…) Ilumina a los adversarios de la Iglesia, que con corazón duro hacen resistencia al Espíritu Santo. Llama a la puerta de sus almas, puesto que no pueden salvarse sin ti, para que sean convertidos a ti, Dios mío. Invítalos, despiértalos, ¡oh Amor sin igual! Que tu caridad los obligue en este día de gracias a que abatir su dureza de corazón. Sean, pues, reducidos a ti para que no perezcan; y, puesto que te han ofendido, Dios de suma clemencia, castiga sus pecados en mí. Ahí tienes mi cuerpo, que reconozco recibido de ti, y a ti te ofrezco. Que sea un yunque, para que en él sean destrozadas sus culpas.

De las Cartas:

Quiso «hacer justicia y venganza sobre su cuerpo. Hizo de sí mismo un yunque forjando sobre él nuestras iniquidades» (Carta 29).

Los golpes sobre el cuerpo de Cristo son la forja del amor: «¡Oh amor inestimable! Para forjar nuestras almas hiciste yunque de tu mismo cuerpo» (Carta 77). 

Más cerca en el tiempo de nosotros, ya en el siglo XX, hemos encontrado nuevas referencias al yunque en grandes apóstoles cristianos. A ellos estarán dedicadas las siguientes entradas de esta serie sobre el estilo de la Organización del Bien Común.

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El País pone

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¿Dónde hay que

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