22 de abril de 2024
La mirada del espectador

El dilema de Pablo Iglesias y Unidas Podemos

Javier de Carlos-. La alianza relámpago entre el PSOE y Unidas Podemos para formar un gobierno de coalición, sirvió a ambos socios para resolver sus respectivos problemas más acuciantes. Para los socialistas, formar gobierno sin contar con la derecha; para los neo-comunistas, conseguir visibilidad y poder tras la debacle electoral. Pero nadie dudó entonces que la inesperada coalición nacía con un altísimo potencial de conflictividad interna, que, como era previsible, surgió de inmediato. 

Evidentemente, la variable pandemia era inimaginable y, si Dios no lo remedia, hay bastantes posibilidades de que acabe por provocar, cuando se acaben los ahorros familiares y las prórrogas de los ERTE, un escenario de gran tensión social, cuya canalización política resulta completamente incierta. Bien sabemos que es el tipo de situaciones que la izquierda sabe aprovechar; pero es que ahora a la totalidad de la izquierda -desde la socialdemocracia a la más radical y extrema- le toca defender desde el gobierno un ‘statu quo’ que no va a poder sostenerse y que va a ser frontalmente contestado por una sociedad empobrecida y desesperada.

¿Cuáles son las alternativas? 

La primera es que el conflicto social se articule en torno a un movimiento del tipo de los chalecos amarillos franceses, es decir, una nueva realidad sin adscripción ideológica, partidista o sindical definida, con la que, en principio, solo se defienden intereses concretos de la gente más castigada por la crisis, aunque, a la postre, los antisistema tratan de aprovechar la protesta y convertirla en revuelta violenta. 

Descartando las posibilidades del PP y de Cs, la segunda opción es que sea Vox quien consiga canalizar políticamente el estallido social. Una alternativa que no será fácil que se produzca, por diferentes razones. Quizá la principal, el sesgo económicamente liberal con el que nació el partido, difícilmente conciliable con el proteccionismo público que la crisis demanda. No parece fácil que el viraje social iniciado por la formación de Abascal con la fundación de un sindicato y la reivindicación de la subida del SMI, consiga pronto la suficiente consistencia y llegue a calar en la mayoría social, por otro lado tan intoxicada por la demonización sistemática de Vox desde los medios de comunicación.

La tercera opción, en fin, es que Podemos termine por desmarcarse del gobierno Sánchez, aprovechando cualquiera de los desacuerdos ya planteados o por plantear, optando por volver a la calle y a la oposición, donde sabe moverse como pez en el agua. Sobre todo, si acaba por generarse un escenario pre-revolucionario, tan idóneo para la mentalidad leninista de Iglesias. La tentación será importante, aunque quizá no tanto como para renunciar a un poder efectivo como el que ahora disfrutan y que no pudieron imaginar ni en sus mejores sueños. 

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