22 de abril de 2024
La mirada del espectador

De bandos, bandas y banderas

Sete de la Quadra. Los manifestantes que participaron en la concentración del pasado 10 de febrero, haciendo uso pacífico de su derecho a salir a la calle, exigieron elecciones, el cumplimiento de la constitución y el reconocimiento de la realidad histórica de España, que en absoluto tiene que ver con el invento separatista. Durante el acto pudieron verse banderas españolas, herederas de la nacida en 1785, cuando Franco (que yo sepa) no había nacido aún.

Sin embargo, la izquierda, con el presidente del Gobierno a la cabeza, volvió a erigirse en maestra de la democracia esgrimiendo el insulto como argumento y despreciando las cifras para distraer la atención sobre el debate de fondo. Desde el #YoNoVoyConElFascismo hasta el desahogo escatológico de Eva Hache, que quizás ignora que la derecha también ve la tele o puede decidir no verla.

Si en lugar de banderas de España los manifestantes hubieran enarbolado la enseña republicana, la estelada o cualquier otro esperpento, Sánchez y sus afines habrían multiplicado por tres las cifras. Y, si además hubiera habido disturbios, estaría hablando de un problema político que se tiene que resolver dialogando con los alborotadores.

Por su parte, los medios más rabiosamente izquierdistas volvieron a jugar a “¿Dónde está Wally?” con las denominadas banderas «preconstitucionales». En las redes, a algún tuitero le faltó tiempo para denunciar el primer hallazgo, con el pequeño error de que la bandera a la que se refería era tan preconstitucional que era la de la Cruz de Borgoña…

En fin, que en la polémica vexilológica a Pedro Sánchez ya se le ha olvidado aquel mitin con la bandera de España (sí, sí, con su escudo y todo) de fondo. Corría el año 2015 y el líder socialista pretendía desmentir esa predisposición a la cesión con el nacionalismo que se ha demostrado cierta. Claro que entonces, como diría Carmen Calvo (alias Mari Líos), Pedro Sánchez no era presidente del Gobierno.

Personalmente me alegré, ingenuo de mí, de que por fin la izquierda se sumara a la rojigualda y dejara de hacer ideología con lo que debería unirnos como nación, algo que ocurre en casi todos los países. Pero no, mientras se quejan de un supuesto intento de la derecha por monopolizar nuestros símbolos nacionales, la izquierda opta por romper con una bandera que deliberadamente representa un momento histórico y una ideología: además de preconstitucional, es antidemocrática. 

Y en todo este follón Ciudadanos, que hasta ahora no tenía complejos con la enseña nacional, va y saca a unos cuantos militantes con la bandera arcoíris, una estrategia que no es nueva y a la que el propio lobby gay ha denominado “pinkwashing”. Acaso se trataba de un vano intento por compensar el hecho de que Ciudadanos y Vox se encontraran en el mismo espacio compartiendo convocatoria. Que digo yo, que puestos a ondear banderas fuera de contexto ¿por qué no eligieron, por ejemplo, la del pueblo romaní, que quizás habría despertado más simpatías?

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