22 de abril de 2024
La mirada del espectador

Contra la desconfianza ya no hay vacuna que valga

Sete de la Quadra. La pandemia nos ha caído en un tiempo y un país con dificultades añadidas por su situación política. Una situación que a menudo se resume en la falta de acuerdo entre nuestros políticos, en el uso partidista del virus y en un bloqueo y un caos organizativo intolerable mientras los muertos se cuentan diariamente por centenares.

El clima de desconfianza hacia el Gobierno de Sánchez, entorpece aún más las posibles soluciones. Es una desconfianza merecida porque Su Persona estaba acostumbrada no solo a saltarse a la torera todas sus promesas sino a hacer exactamente lo contrario de lo que dijo: gobernar en coalición con Podemos cuando dijo que “no dormiría por las noches”,  arrodillarse ante Bildu tras afirmar insistentemente que no pactarían, permitir el enchufismo en su Gobierno, comenzando por su consorte, su amigo de la infancia y la consorte de éste y un largo etcétera de afirmaciones que quedaron en nada y por las que el Presidente no se ha molestado en dar explicaciones. Como un dictadorzuelo tercermundista, el máximo mandatario español hace lo que le viene en gana sin despeinarse; ha mentido tanto que ya no sabemos si de verdad se llama Pedro Sánchez.

Sin embargo, en el último año, las mentiras y los abusos del Gobierno han dejado una herida mayor que estamos pagando todos: la desconfianza, la decepción y una continua sensación de traición. Ésta se ha manifestado de manera particular con el caso AstraZeneca, cuando la mayoría de la población ha dicho “¡Basta!”. En efecto los datos indican que vacunarse entraña menos riesgo que no vacunarse, pero los ciudadanos ya no se creen nada de lo que digan Sánchez, Simón o la Agencia Europea del Medicamento.

Después de decirnos que las mascarillas no eran necesarias, que la UE no permitía rebajar su IVA o que la diferencia entre las cifras oficiales de fallecidos y las estimaciones basadas en la mortandad de años anteriores podían deberse incluso a «un accidente de tráfico enorme», tendemos a sospechar que, una vez más, el Ejecutivo antepondrá sus intereses a los del bien común.

Decía este fin de semana la periodista Cristina López Schlichting que el presidente del Gobierno debería inocularse públicamente con la dosis AstraZéneca para animar a los indecisos, como han hecho otros líderes políticos. Pero, con sus antecedentes, ver a Sánchez vacunarse podría incluso levantar mayores sospechas, y con razón: ¿pero de verdad le han metido algo? ¿pero de verdad es la “chunga”? ¿pero ese no será un doble?

Pedro Sánchez tiene el poder pero no dirige. No hace un solo movimiento sin pensar en su propio beneficio. No es un líder. En realidad, no sería capaz de organizar una barbacoa para amigos. Nadie, salvo los de su círculo más cercano, le confiaría las llaves de su casa. El presidente ha perdido la confianza de los pocos españoles que creyeron sus mentiras y hoy se sienten traicionados.

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