23 de abril de 2024
La mirada del espectador

Conferencia Episcopal, católicos y política

Carmen Coimbra. No es de extrañar que a muchos católicos nos haya sorprendido, cuando no indignado, la respuesta del portavoz y secretario de los obispos, monseñor Luis Argüello, a un periodista sobre la postura de los obispos acerca de los indultos concedidos por el Gobierno de Sánchez a los golpistas de Cataluña.

Sucedió el pasado 24 de junio durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal y lo pueden oír aquí a partir del minuto 40:06. El propio monseñor Argüello intentaba aclarar el asunto en un mensaje de Twitter. 

La verdad es que las palabras del obispo portavoz, en un ejercicio dialéctico digno de un malabarista, no aclara nada pero lo dice todo al mencionar como referencia positiva el “espíritu” de diálogo de los obispos catalanes que habían avalado públicamente el perdón gubernamental a los delincuentes independentistas.

Para ser justos, hay que decir que prelados como el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, o el primado de España, Francisco Cerro, han realizado declaraciones sobre los indultos recordando que estamos ante delincuentes no arrepentidos. Probablemente otros obispos piensen lo mismo pero no lo han dicho públicamente.

En este contexto creemos que es legítimo poner sobre la mesa algunas reflexiones que nos hacemos los ciudadanos de a pie, muchos de nosotros católicos practicantes. 

La primera, si la Conferencia Episcopal sirve para evangelizar y confirmar en la fe y en la doctrina a los católicos. 

La segunda, si sigue vigente el magisterio episcopal español reflejado en documentos como la instrucción pastoral ‘Valoración del terrorismo en España. De sus causas y de sus consecuencias’.

La tercera, si en medio de la ofensiva cultural que se está produciendo en España -de la cual la política es un reflejo-  los pastores están hablando con claridad, valentía y firmeza a tiempo y a destiempo. 

La cuarta, si los obispos no se olvidan de que, siendo fundamental el ‘espíritu de diálogo’, éste presupone la justicia y el cumplimiento de la ley, sin  los cuales no hay convivencia posible.

La quinta, si a partir de ahora los católicos españoles vamos a escuchar con algún interés a nuestros obispos cuando hablen de cuestiones civiles o de bien común.


Los miembros de la Conferencia Episcopal son humanos, indudablemente y sus opiniones y declaraciones, por mucha repercusión que tengan, no son magisterio oficial de la Iglesia. Nos toca a los ciudadanos españoles, que somos católicos y queremos actuar como tales en la vida privada y pública, trabajar sin descanso y sin excusarnos en el silencio o en el discurso de los obispos para promover el bien común de España. Porque éste, y no las sacristías, son la viña que debemos cultivar los laicos con libertad y responsabilidad.

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