22 de abril de 2024
La mirada del espectador

8 de marzo. El “otro” cambio de mentalidad

Domingo Moncayo. Pasados unos días podemos reflexionar con algo más de tranquilidad sobre el llamado Día de la Mujer y su celebración concreta de este año 2018.

Como punto de partida podemos señalar el asombro del espectador al ver a jerarcas de la Iglesia Católica con puntos de vista aparentemente opuestos: mientras el Cardenal Osoro en Madrid, secundado por otros Obispos como el de Tarazona y el de Palencia, parecían entender la participación en la huelga casi como una obligación de conciencia; los Obispos de Alcalá y San Sebastián, haciendo hincapié en los Manifiestos de la Marcha convocada, señalaban las diferencias entre estos y la antropología católica.

Quizás no había tanta contradicción, sino una diferencia en el acento que Monseñor Munilla explicó cuando se le quiso escuchar: nadie puede estar en contra de las sanas reivindicaciones que defienden un trato justo para la mujer (y a eso parecía referirse Osoro aunque sería bueno que él mismo lo aclarase) al mismo tiempo que nadie que quiera defender una concepción católica puede aceptar otras reivindicaciones que se pudieron escuchar el día 8 referentes por ejemplo al aborto, a quemar la Conferencia Episcopal o a atentar contra los que no opinan como ellos haciendo pintadas en Templos cuando no desnudándose directamente ante los mismos.

Pero, salvada esta referencia clerical, vayamos al meollo del asunto.

Parece ser que la mujer se libera cuando trabaja fuera de casa y es esclava cuando decide quedarse en su casa consagrando su vida a su familia. Este es el mensaje que de una forma u otra ha sido protagonista del mensaje sobre la mujer en las últimas décadas.

Ello ha implicado que una de las finalidades principales de la política económica haya sido la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral. Esta incorporación con las medidas que la han favorecido, bajo el eufemismo de ayuda a la conciliación, lo único que han hecho es poner el acento de lo bueno para la mujer en su realización fuera del hogar.

La realidad es que se ha fomentado porque se necesitaba, al juicio de los poderes económicos más mano de obra. Y quizás a corto plazo era una medida necesaria.

Pero ¿cuál ha sido una consecuencia quizás no deseada (o sí, pensarán los lectores más conspiranoicos): el desplome demográfico en España que entre otros problemas crea la falta de dinero para las pensiones y el suicidio generacional.

Veámoslo con unos datos objetivos:

 197820032017
Ocupadas3.489,66.387,48.659,1
Paradas279,01.440,91.946,1
Activas3.768,67.828,310.605,2
Inactivas9.721,39.751,59.280,5
Mayores de 1613.489,917.579,819.885,7
    
Tasa actividad mujeres27,9%44,5%53,3%
    
Nacimientos636.892441.881410.583
Tasa de natalidad17,2510,449
Índice de fecundidad2,551,301,34

A medida que la mujer se ha ido incorporando al mercado laboral, algo quizás necesario, otro aspecto esencial para el bien común de la sociedad se ha desplomado: la natalidad.

De 1978 a 2003 la incorporación de la mujer a una actividad fuera de casa se incrementó en más de un 59%; en el mismo período y a pesar de una mayor población femenina mayor de 16 años, los nacimientos disminuyeron más de un 31% y el índice de fecundidad casi un 50%.

Desde 2003 a 2016-17 los nacimientos, a pesar de cierto repunte, han seguido cayendo y la tasa de natalidad también. Aparte, es de destacar que la caída no es superior por la natalidad que aportan las madres extranjeras.

El Yunque

El País pone

El Yunque

Si fantaseas con

El Yunque

¿Dónde hay que

El Yunque

El País promociona

X