23 de abril de 2024
La mirada del espectador

4-M. Incógnitas de un futuro líquido

Ricardo Muyo. Pocas cosas quedan por decir después de una jornada electoral del 4-M que nos dejó un empacho de noticias que realmente tardaremos tiempo en digerir: con Ayuso al borde de la mayoría absoluta, la debacle del PSOE sorpasado por Mas Madrid, la consolidación de Vox, la dimisión de Pablo Iglesias por no haber conseguido disparar a Podemos y la desaparición de Ciudadanos de la Asamblea de Madrid, el futuro para los próximos dos años solo plantea incógnitas en un panorama que cambia a cada segundo.

Los comicios madrileños llegaron por sorpresa después de los movimientos del PSOE, Podemos y Ciudadanos en Murcia, donde los naranjas pretendían recuperar protagonismo tras el descalabro que a su vez habían sufrido en las autonómicas catalanas. El tren de tormentas no para en el 4-M porque ahora el PSOE se ha decidido a prepararse para que unas posibles elecciones en “su” Andalucía no le cojan con el pie cambiado como ocurrió en Madrid.

Hacer pronósticos es arriesgado porque la realidad política es más líquida que nunca, pero allá van algunas preguntas con el único fin de provocar la reflexión de los lectores.

PP: ¿es Ayuso la mejor baza de Casado o su principal amenaza?

El gran riesgo para todo político respaldado por una importante mayoría es venirse arriba, enchulecerse y olvidarse de los que le encumbraron. Al PP debe de sonarle eso de pasar de la mayoría apabullante a la más vergonzosa miseria. Por tanto, Ayuso tendrá que estar ahora pendiente de no morir de éxito en 2023.

En el plano interno, Ayuso se ha ganado el derecho a la presidencia del PP de Madrid que hace tan solo unos meses se cuestionaba con intensidad. El 4 de mayo Pablo Casado no dudó en asomarse al balcón de Génova para reivindicarse como mentor de Ayuso, a quien presentó como su precursora en el camino hacia La Moncloa.

Sin embargo, las diferencias entre Casado y Ayuso son claras para los electores. Pese a que Casado defiende que su discurso es el mismo, sus estilos no lo son. El electorado ha premiado el arrojo y la liberación de complejos de la nueva lideresa madrileña, de la que su jefe debería ir aprendiendo. La presidenta de la Comunidad de Madrid puede acabar siendo la sustituta de Pablo Casado, con permiso del resto de barones populares. La cuestión es si el relevo llegará tras una derrota traumática en las próximas elecciones o si será una transición suave tras ejercer como ministra en un hipotético Gobierno presidido popular.

Si de verdad quiere derrotar a Sánchez, Casado debe poner ahora en marcha una estrategia más valiente. De lo contrario, Vox seguirá restándole votos al PP y Su Persona seguirá adelante varias legislaturas más a base de seguir con las maniobras de supervivencia de las que ha hecho gala para permanecer en el poder durante décadas.

PSOE: ¿comienza su cuenta atrás para Sánchez o sabrá reinventarse?

El fascismo no cuela: si el PSOE y Podemos insisten en que en Madrid hay 2 millones de fascistas seguirán equivocándose. El abuso del término y sus derivados ha acabado por hacer ineficaz la advertencia acerca del supuesto riesgo de una derecha antidemocrática. Últimamente, fascista es todo aquel que no pasa por el aro de los postulados de extrema izquierda, propugnados por Podemos y asumidos por un socialismo echado al monte.

Al parecer, fascistas son también Leguina y Redondo, a los que se ha abierto expediente de expulsión por fotografiarse con Ayuso. Este hecho ha levantado a los viejos socialistas, que advierten sobre la pérdida de votantes que podría suponer la purga. El propio Leguina ha defendido en numerosas ocasiones la necesidad de recuperar las esencias del PSOE, secuestrado por Sánchez.

Tampoco ha calado el argumentario socialista de que Ayuso estaba empeñada en llevarle la contraria al Gobierno de España. La mayoría ha entendido que era al revés y que era Sánchez quien se había obsesionado con poner trabas a Ayuso, en materia de pandemia pero también de impuestos: Sánchez no solo ha permitido que la Generalitat de Cataluña abrase a los catalanes a impuestos para pagar el separatismo sino que, haciendo caso a las presiones de Rufián, pretende impedir que Madrid baje sus impuestos.

Las alianzas de los socialistas con los separatistas y con Podemos le han pasado factura en Madrid, pero ya hemos dicho que no está todo el pescado vendido. Sánchez hará lo que sea para seguir durmiendo en el colchón de La Moncloa, seguir paseándose por las alfombras de Europa y seguir volando en el Falcon.

No olvidemos que el PSOE ha demostrado históricamente su capacidad de rehacerse. En Madrid ya tiene preparado el relevo de Gabilondo tras haberle dimitido. Se llama Hana Jalloul y ha sido la número dos de la lista del PSOE en las elecciones del 4-M. La renovación del PSOE de Madrid no ha hecho más que comenzar y se llevará a cabo en paralelo con la de Andalucía.

Más Madrid ¿el nuevo Podemos?

Íñigo Errejón comenzó su andadura junto a su amigo Pablo Iglesias en Podemos. Comparten ideología, pero no formas ni métodos. Es decir, Errejón es tan bolivariano como Iglesias, pero ofrece una imagen más moderada, posibilista y de acercamiento entre partidos de izquierda. Un detalle interesante para generar ilusión entre los votantes ingenuos, los mismos que en su día votaron a Podemos confiando en que contribuiría a la renovación y no a la revolución.

Pese a haber subido solo cuatro escaños, la bajada estrepitosa del PSOE sitúa a Mónica García como líder de la oposición en la Asamblea Madrileña. Las causas se encuentran en el deterioro de PSOE y Podemos en el Gobierno de España, el escaso entusiasmo que genera Gabilondo, la citada oferta de falsa moderación y un expediente limpio en materia de Gobierno.

Quien se frota ahora las manos es Errejón. Condenado al ostracismo tras su enfrentamiento con Iglesias, el líder de Más País aspira a repetir la hazaña en las próximas generales y convertirse en el Podemos 5.0. Si hay debacle morada, Errejón tiene la oportunidad de fortalecerse con los supervivientes de Podemos que menos ascos le hagan al cambio de formación.

Vox ¿ha tocado techo o seguirá subiendo?

Vox no puede hablar de fracaso porque ha logrado un escaño más y seguirá siendo decisivo para que Ayuso gobierne y para que la izquierda sea irrelevante en Madrid. Sin embargo, tras el éxito que supone irrumpir en las instituciones, las expectativas son mayores y a los nuevos partidos parece ponérseles el listón más alto.

El partido de Abascal debe reflexionar ahora si le compensa seguir en batalla con el PP y asumir el riesgo de que Ayuso acabe fagocitándolo en Madrid o si debe centrarse, más que en los MENAS, en las cuestiones de familia, vida y educación. Es en estos últimos tres aspectos donde Vox sigue teniendo sentido a la hora de tirar de un PP que luce banderas arcoiris en Génova. Los azules se venden como un partido de gestión y eso parece funcionarles, pero siguen cometiendo el error de dejar a la izquierda la batalla ideológica, algo de lo que Cayetana Álvarez de Toledo advirtió y le acarreó pésimas consecuencias.

En el ámbito nacional, como hemos dicho, el margen de crecimiento de Vox depende en parte de la voluntad de Casado de hacer una oposición más dura. Si el PP vuelve a los tiempos en los que se sentaban a ver pasar el cadáver de su enemigo, Vox seguirá creciendo.

Podemos, huérfano de Iglesias ¿dar la última batalla o diluirse entre PSOE y Más Madrid?

Si Pablo Iglesias fuera la mitad de inteligente de lo que él mismo cree, sería Einstein. El líder de Podemos llegó a la política con ambición y ganas de divertirse. Le encantan las conspiraciones, el juego de tronos y el manejo audaz de las circunstancias en beneficio propio. Al principio todo le salía bien y hay que reconocerle el “mérito” de abrir camino en parlamentos y asambleas a un partido nuevo y de ultraizquierda que logró tirar ideológicamente del PSOE hacia el extremismo y forzar su entrada en el Gobierno de España.

Continuando con su visión populista, Iglesias tensó la cuerda y basó el último tramo de su campaña en torno a la historia de los sobres con balas, acaparando mayor protagonismo del que en principio le correspondía. Iglesias se había puesto al frente de Unidas Podemos para mostrarle el camino a Isa Serra (y a Mónica García, pero esta última no se dejó enseñar), para disparar el voto de Podemos en Madrid; consiguió aumentar tres escaños, pero no ha alzado al partido hasta una situación relevante. El propio Iglesias tuvo que reconocer que su figura aglutinó votos, pero también activó a los votantes de derechas.

Los madrileños están saturados de radicalismo, populismo, incoherencia, violencia y división, asignaturas en las que Iglesias sacaba matrícula de honor. Ahora Iglesias se aburre, no tiene retos interesante por delante después de que su estilo haya fracasado. Por eso escenifica su salida de la política para buscarse un lugar en el panteón de políticos que han dimitido para asumir sus responsabilidades. Pero no se preocupen, Iglesias no engrosará la cola del paro: por delante se le abre un futuro en el mundo del espectáculo, asegurado acaso con una paga en el Consejo de Estado.

Tras su marcha, Podemos queda huérfano y en Madrid, queda claro que tres gallos en la izquierda son demasiados. En palabras de Iglesias, el miedo ha cambiado de bando y, desaparecido Ciudadanos de la Asamblea, el bloque de izquierdas cuenta con tres partidos frente a los dos que agrupan el voto de derechas. Los podemitas darán quizás una última batalla en 2023 antes de diluirse entre Más Madrid y el PSOE.

La cuestión es si este resultado puede extrapolarse a las Generales, cuandoquiera que estas se celebren, con Yolanda Díaz o Ione Belarra al frente y haciendo uso de sus respectivos ministerios para impulsar su imagen política.

Ciudadanos ¿padece el síndrome de UPyD o solo es una mala racha?

Al contrario que el PP y el PSOE, los nuevos partidos no tienen la misma capacidad de rehacerse que PP y PSOE. Más aún teniendo en cuenta que, ya antes del hundimiento varias significadas figuras de Ciudadanos se habían pasado al PP.

Los naranjas han jugado siempre a no ser rojos ni azules, pero votantes y militantes no se han creído las explicaciones de Arrimadas acerca de la moción en Murcia. Cuando uno vota a un partido que no va a gobernar, aspira a que éste matice al PP o al PSOE, pero no tolera el cambio de bando. Por eso, la veleta naranja tiene difícil sobrevivir a la sequía catalana, la tormenta murciana y al huracán madrileño que le ha seguido.

Albert Rivera primero e Ignacio Aguado después se veían en la cumbre, después de comerse al PP, presidiendo los Gobiernos de España y de Madrid respectivamente. Rivera no dudó en proclamarse verdadero líder de la oposición. Les iba realmente bien, pero el electorado no perdona la ambigüedad.

El Yunque

El País pone

El Yunque

Si fantaseas con

El Yunque

El País promociona

X